El Tri y sus amores perros
Podríamos seguir resumiendo letras de canciones, pero la brevedad del artículo no nos es posible; sin embargo los temas citados -que ya los estarán recordando- representan un universo de ideas expresadas también por otros músicos y que son difundidos de manera masiva a una audiencia de rockeros, fundamentalmente jóvenes.
Rock y Sociedad
En el contexto argentino, destacamos la intervención de grupos y cantantes como ATTAQUE 77, FABULOSOS CADILLACS, BERSUIT VERGARABAT, ANDRÉS CALAMARO, CABALLEROS DE LA QUEMA, LOS PIOJOS, LA RENGA, CHARLIE GARCÍA; de México observamos la propuesta de grupos como MANÁ, CONTROL MACHETE, MOLOTOV, EL TRI, JAGUARES, CAFETA CUBA; y de otros países tomamos las canciones de LOS PRISIONEROS y GODWANA de Chile, MOJARRAS y LOS NOSEQUIEN Y NOSECUANTOS de Perú, MANU CHAO, etc. No obstante, en el presente artículo sólo vamos a mencionar algunas canciones para encender de la mecha del interés.
Bersuit Vergarabat es un grupo que desarrolla una manifestación abierta y pública de la política argentina. En su composición sobre lo social y lo político, Argentina es un país en el cual todos los pactos sociales han sido fracturados, en la cual prevalece la delincuencia, la corrupción, la violencia y la inseguridad, un lugar donde sus habitantes se enfrentan con las miserias de otros. Como presentan sus conocidas canciones –en Perú- “Señor Cobranza” y “Se viene”.
“Sr. Cobranza” es una crítica generalizada, a los políticos responsables de lo que los argentinos consideran la mayor crisis económica y social de su historia. Sin ánimos alarmistas citamos la frase más recordada y cruda de la canción sonada en nuestras radios, por el uso de “fuertes” expresiones que acusaban a la corrupción, la incapacidad y el narcotráfico vinculado a los políticos, que a la letra dice: “…y váyanse todos a la concha de su madre/ ¿ahora que nos queda?/ elección o reelección/ para mi es la misma mierda/ ¡hijos de puta! en el congreso/ hijos de puta en la rosada/ y en todos los ministerios/ van cayendo hijos de puta que te cagan a patadas...”, “los demócratas de mierda y los forros pacifistas / todos narcos, todos narcos/ todos narcotraficantes/ te trasmiten por cadena/ son de caos, paranoiquean / te persiguen si sos puto/ te persiguen si sos pobre…”.
El Rock...más allá de la música
Nuestro interés en este tema surgió unos meses atrás cuando iniciamos una investigación enfocada en el rock latinoamericano, así que toda la información que podamos dar en las siguientes líneas responde a nuestro aprendizaje académico más que a una afición. Aunque no somos expertos en este género musical, nuestra convivencia y experiencia de vida en una cultura urbana, nos posibilita elementos de interés y de discusión entorno a él. En ese sentido, dejando nuestra simple relación de oyentes, vamos a intentar la mayor aproximación al tema.
Alguna vez, hemos tenido la oportunidad de escuchar a regañadientes de algún individuo, hombre o mujer, desconfigurado de la globalidad o extremadamente aferrado ¿a una cultura nacional?, que “todo lo que suena con el rock es para locos”. Obviamente no compartimos estas posiciones, y apoyándonos en HOWARD2 consideramos que la música –en cualquiera de sus manifestaciones- es un arte particularmente difícil y tiene innumerables connotaciones emocionales. Además contiene muchos elementos y, dependiendo de sus combinaciones, tiene el poder de tranquilizar, enaltecer o degradar y vulgarizar, acercarnos a la meditación y a la violencia. Es una potente fuerza tanto para el bien como para el mal.
Sucede que la expresión “todo lo que suena con el rock es para locos” responde a una asociación histórica de este género con la violencia, las drogas y el sexo –a propósito de la canción de la banda mexicana EL TRI-, y por tanto ha sido negada por grupos sociales, culturales e incluso económicos, tanto así que en el Perú las actividades vinculadas a este quehacer recién fueron reconocidas como culturales hacia un año atrás aproximadamente, a pesar de que en otras latitudes del mundo el rock es sinónimo de industria cultural desde hace muchas décadas. La música predominantemente de los jóvenes ha ido convirtiéndose en fuente de producción económica global, pero lamentablemente dominadas por el MTV, Billbooard, Grammy y demás siglas o palabras anglosajonas incorporadas en nuestro subconsciente.
Mucho se ha discutido sobre el propósito de los orígenes del rock, planteándose hipótesis que apuntan a un intento de subversión del orden establecido, como un método de integración social de la juventud estadounidense, como una manera de prevenir la delincuencia, o simplemente como un mero género musical sin propósito específico, sin embargo no vamos ahondar en ello porque ese no es el tema de nuestro artículo. Lo que si queda claro, es que el rock nace como música en los Estados Unidos de Norteamérica a inicios de los años cincuenta –para algunos a fines de los cuarenta- del siglo pasado producto del acercamiento musical de grupos sociales blancos y negros que combinaron ritmos como el “rythm and blues”, “jazz”, “gospel”, “swing”, “country”, “folk irlandés”, etc. y como resultado quedó un ritmo que el DJ de Cleveland, Alan Freed, denominara en 1951, “rock’n roll” (rocas y ruedas), y que a entender de los estudiosos simbolizaba el placentero ritual del sexo –preocupación de nunca acabar, a propósito de perreos, lambadas y otros-. La memoria documental rescata en este movimiento contracultural juvenil del siglo pasado, principalmente a exponentes como Richard Little, Bill Haley (aquel del “Rock around the clock”, considerado como el himno del rock’n roll), Jerry Lee Lewis, Chuck Berry y Elvis Presley, sin ánimos de obviar otros nombres, quizá auténticos precursores de este fenómeno.
El rock con el tiempo se ha ido adaptando a las diversas sociedades y culturas del mundo, propiciando la originalidad y el mestizaje propio de los elementos culturales de cada país. Desde Pekín, Tokio, Moscú hasta Quito, Cochabamba o Trujillo, esta música posibilita la comunicación entre los jóvenes de todos los países, moviéndose a un mismo ritmo en esta complicada biosfera.
CASTORIDIS3 considera que las prácticas musicales como el rock se inscriben en el espacio privado-público, una postura de reflexión colectiva y de acción política, en el cual se cuestionan aspectos de la vida en común en las sociedades modernas. El rock es el producto de un dolor existencial previo, del choque del individuo contra la sociedad que busca una forma de expresión. El rock en cinco décadas ha sido el espejo de la sociedad, dando cuentas de costumbres, modas, logros tecnológicos, problemas sociales, etc. Por ejemplo, en la actualidad encarna el espíritu de segmentación y discriminación de minorías sociales a través de sus diversas tendencias como el “hip hop”, “punk”, “trash”, “funk”, etc.
Para CASTILLO4, el rock y la crítica social son casi sinónimos, dada la frecuencia con la que la letra de sus canciones gira en torno a la inconformidad con la realidad existente, con sus secuelas de pobreza, enfrentamientos fraticidas y destrucción del medio ambiente. Pero obviamente no todas las manifestaciones expresivas del rock contienen en sus letras una composición política y social, unas más que otras. Lo “plástico” y lo “banal” es predominante, pero no por ello ajeno a lo cotidiano.
El denominado rock político o social, como hemos venido expresando, siempre ha estado presente en las poblaciones urbanas, manifestando su rechazo a sociedades consideradas hipócritas, materialistas y mediocres. Bob Dylan, por ejemplo, es considerado el precursor de la música protesta en los EE.UU., y a través del folfsong centró su atención en la sociedad burguesa, materialista e inhumana de los años sesenta.
1 POLIMENI, Carlos. www.stormpages.com/marting/polimeni.htm
2 HOWARD. H (1985: 317). American Journal of Psychiatry. USA.
3 CASTORIDIS, C. (2001: 152) Figuras de lo pensable, las encrucijadas del laberinto VI. Buenos Aires. Fondo editorial Cultura Económica.
4 CASTILLO. A (1999: 65). El rock, sonido y testimonio de energía y desencanto generacional. Santiago de Chile. Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Enríquez.